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Actitudes al volante

¿Por qué somos tan agresivos al conducir?

¿Cuántas veces hemos oídos eso de que la gente más tranquila se transforma al volante y se vuelve agresiva? Esta creencia no es solo una apreciación popular sino que es una conclusión que se puede desgajar de algunos estudios científicos sobre conductores.

Una de las principales conclusiones a las que llegan los expertos cuando analizan las actitudes al volante es que conducimos tal como somos. Es decir, que nos liberamos de las convenciones sociales y sacamos nuestra verdadera personalidad.

Esto es así, el vehículo nos iguala con los demás, nos proporciona anonimato y, en ocasiones, nos hace creernos superiores. La carretera que tenemos delante se convierte en nuestro espacio y no queremos compartirlo, por eso a la mínima nos sentimos agredidos y ofendido y sentimos la necesidad de defendernos.

En un estudio publicado por Prevensis hace unos meses, que denominaron Zen Driving, se llegó a la conclusión de que conducimos guiados por nuestras emociones. A bordo demostramos de verdad cómo somos y sobre todo sacamos a la luz emociones que no podemos mostrar en la vida real porque la cultura, los convencionalismos, la educación… nos lo prohibe. Este estudio asegura que el 24% por ciento de los conductores tiene muchas posibilidades de reaccionar agresivamente al volante.

Actitudes al volante

Para muchos conductores, el coche es algo más que un medio de transporte. Puede ser considerado como un segundo hogar pero también se convierte en una extensión de nuestra propia personalidad. Nos da seguridad porque dominamos la máquina y, en ocasiones puede ser un signo de prestigio y poder cuando conducimos un modelo mejor que el de nuestros vecinos de carretera.

Todo eso nos produce un sentimiento de superioridad ante los demás y da salida a nuestras emociones más primitivas; nos sirve para competir. Y para muchos conductores, que en la vida real no tiene posibilidad de enfrentarse a sus oponentes, el automóvil les iguala con el resto. En este punto el nivel de autoestima de cada uno es clave.

Por eso el nivel de control emocional de los conductores juega un papel determinante en la seguridad vial. Muchos de los comportamientos inseguros al volante se deben a su bajo nivel de control emocional de los que llevan los vehículos.

Conducir no es sólo un acto físico sino que también conlleva un importante componente intelectual y emocional. Hay que tomar muchas decisiones en décimas de segundo y hay muchos factores que pueden alterar nuestra predisposición. Según un estudio de Línea Directa, en los últimos cuatro años se podrían haber evitado 130.000 accidentes con víctimas si los conductores hubieran tomado la decisión adecuada. Aquí, uno de los culpables son las distracciones.

Según este estudio de Prevensis, el 72% de los conductores mantiene un control emocional bajo a los mandos de su automóvil y un 30% conduce despistado. Qué tire la primera piedra aquel que no haya dicho después de haber recorrido algunos kilómetros ¿y cómo he llegado hasta aquí? Esto es lo que se denomina conducción subconsciente. Según un trabajo del programa Attitudes de Audi, el 75% de los conductores se ha preguntado esto alguna vez y el 25% lo hace con asiduidad.

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